Ya veía a lo lejos las famosas torres KIO, son fabulosas, siempre me llamaron la atención como dos edificios torcidos podían permanecer de pie. Estaba en el famoso paseo de la Castellana, circulando lentamente y observándolo todo, pero llegando a un semáforo tuve un susto, de tanto mirar a mi alrededor casi me choco con el vehículo de enfrente cuando se paraba en la luz roja. Era evidente que así no podía estar y volviendo a mirar encontré un Corte inglés, decidí aparcar allí y seguir a pie.
Era muy temprano, las 6’30, había conducido toda la noche y ahora me encontraba aquí y sin saber muy bien qué hacer, sólo mi curiosidad me había pedido que parase a saciarme.
Se nota que Madrid es importante, siendo tan temprano y ya hay mucho movimiento incluso hay puestos ya abiertos con churros y prensa, así que me acerqué a uno y compré una guía. Era muy completa, tenía muchas cosas para visitar, un mapa, la red de metro y multitud de curiosidades, me servirá de mucho en mi camino.
Comencé a caminando y fui viendo muchas cosas, el Bernabeu, varios Ministerios, todo el centro administrativo, edificios importantes que me hacían imaginar que yo era una de esas personas enchaquetadas con vida acomodada y lujosa que iba de reunión en reunión, disfrutando y derrochando el dinero. Aunque llegado a un punto, no sabía si eso era buena vida o mala vida, llegué a la conclusión que como mis tardes por la orilla de la playa no había nada y el sentir esa libertad era inigualable.
Entonces levanté la cabeza y miré al fondo, dándome cuenta que la avenida daba para mucho todavía, parecía que no había andado, así que decidí meterme en la primera boca de metro que viera.
Bajando al subterráneo me encontré con un mundo diferente, la gente corría de aquí para allá, había negocios, y mucho bullicio, todo era un laberinto, muchos pasillos, muchas indicaciones y mucha gente pidiendo y vendiendo ilegalmente.
Descubrí que esto del metro era un chollo, podía recorrerme Madrid entero bajo tierra y sólo pagando un viaje, me podía pasar incluso el día entero aquí siempre que no saliera a la superficie, aunque esta no era mi intención, así que saqué un bono y me metí en el primer vagón que vi. Hice varios trasvases y cuando se me antojó salí a la superficie. No sabía dónde estaba y la verdad es que me daba igual, comencé a andar y a mirar por todos lados. Una de las cosas que me sorprendió fue ver cómo hay multitud de grupos sociales, cosas que yo no sabía que existían incluso, los famosos Heavy, los típicos pijos, los rockeros desfasados, los Punkies, los fashion ¡no veas cómo iban!, y muchos más que no sabría como catalogar… la verdad que en A Coruña no había tantos, estaban los pijos, los normales y los raros y así pues nos valíamos ¿para qué más? Me estaba empezando a sentir un poco atrasado con los pensamientos de Galicia… es increíble cómo puede cambiar la vida en dos ciudades distintas.
Finalmente decidí almorzar para luego seguir con mi “no-búsqueda”, esta vez miraré el mapa y visitaré cosas conocidas… y así me llevé toda la tarde, me fundí en la vida apabullante de Madrid, en el sin fin de calles y metros, y en la velocidad de la vida aquí. Cuando quise para ya cansado y agobiado, era de noche y al ver el reloj vi ¡las 9’30! ¡increíble! ¡tengo que coger mi coche antes de que cierre el Corte Inglés! Buscando, buscando por el mapa del metro la mejor combinación para regresar me lamenté de haberlo aparcado allí pero es que aquí es imposible aparcar en la calle.
Cuando llegué a la puerta del centro comercial era demasiado tarde, ya había cerrado ¡maldita sea! Si ya estaba arto de tanta calle, ahora me iba a tocar aguantar toda la noche, pensé ir a un hostal o algo parecido pero pensando por primera vez en el día en lo que me iba a costar el parking, se me quitaron las ganas. Así que dije, ya que estamos aquí y tengo que pasar la noche, vamos a pasarla ¡como Dios manda! aunque suene antiguo vamos a descubrir lo que es la ¡movida madrileña! Así que miré la guía y me fui al primer pub que recomendaban…
La noche era joven y me esperaba…